En recuerdo de Mario A. Fares, por Santiago F. Elena

Mario Fares Riaño
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En septiembre de 1994, volví a Valencia de una breve estancia de investigación en la Universidad de California en San Diego. Lleno de energía, ideas y motivación para terminar algunos experimentos restantes y comenzar a escribir mi tesis doctoral. Cuando llegué al laboratorio, un nuevo estudiante de último año de licenciatura estaba allí esperándome. Su nombre era Mario. Al principio, su acento me confundió un poco. Sus apellidos, Fares Riaño, me sonaron a gallego, así pensé que era de allí. Pero no era el caso. Resultó ser nacido en Valencia, pero criado en el país de origen de su padre, Siria. Eso tenía sentido, la forma en que siempre pronunció la "s" revelaba su infancia hablando árabe. Desde el principio, Mario estaba interesado en aprender todo sobre la evolución de virus, los cultivos celulares, los experimentos de competencia para medir la eficacia del virus y todas las técnicas que utilizamos en el laboratorio en aquellos días. Hasta ese momento, él era el estudiante más interesado y ansioso por aprender que había tenido hasta la fecha. Era tan apasionado, que un par de meses después de haber comenzado, estaba ya dispuesto a presentar un trabajo en el journal club del grupo. ¡Y en inglés! Algo que incluso muchos estudiantes de doctorado de último año eran reacios a hacer...

Mientras trabajaba en el laboratorio, Mario y yo teníamos largas conversaciones sobre su vida en Siria y la cultura árabe: su familia, la estricta escuela a la que asistió, las razones por las que dejaron el país y regresaron a Valencia, las dificultades para aclimatarse al nuevo país y al Instituto donde cursó el BUP. Pero principalmente, hablamos sobre ciencia, virus, cuasiespecies, eficacia biológica, experimentos de competiciones, datos, estadísticas, ordenadores...  

Algunos meses después, obtuve mi doctorado y me fui a Michigan State University (MSU) para mi postdoc. Durante ese tiempo, seguimos intercambiando correos electrónicos a menudo, así que sabía cómo estaba progresando durante sus últimos dos años como estudiante universitario. Cuando volví dos años y medio después, Mario estaba allí, terminando de escribir su tesina de licenciatura en filogenómica experimental usando datos del virus de la fiebre aftosa. Como nuevo profesor ayudante que era, me esforzaba por comenzar mi propio grupo de investigación y establecer un nuevo laboratorio. Para mi frustración, no pude retener a Mario para que trabajara conmigo, ya que él había obtenido una beca para hacer su doctorado bajo la supervisión de Eladio Barrio y Andrés Moya en la evolución molecular de la simbionina GroEL. Afortunadamente, en ese momento todos nos mudamos al nuevo edificio del Institut Cavanilles de Biodiversidad y Biología Evolutiva. Y afortunadamente, Eladio y yo compartimos el mismo laboratorio en el sótano del edificio, lo que significa que Mario y yo estábamos, una vez más, en el mismo laboratorio. ¡Fue un momento muy emocionante! Lleno de nuevas ideas, mucha gente joven y nueva que se unía al laboratorio. Mientras que él y el otro Mario, X, diseccionaban cucarachas congeladas (¡qué cosa tan desagradable!) y nosotros evolucionábamos virus, aun teníamos tiempo para intensas discusiones sobre cómo abordar el papel de GroEL durante la simbiosis bacteriana, desde una perspectiva de evolución experimental. De hecho, terminamos diseñando y ejecutando lo que llamamos nuestro "proyecto X", que acabó siendo un artículo publicado en Nature.

Después de completar su doctorado, Mario estaba decidiendo entre si seguir un postdoctorado en el laboratorio de Rich Lenski en MSU o mudarse al laboratorio de Ken Wolfe en el Trinity College de Dublín (TCD). Tuvimos algunas charlas intensas sobre lo que podía ser una mejor opción en términos de ciencia y de futuro. Debo decir que esta fue la única vez que me decepcionó: optó por ir a Irlanda y seguir una carrera en genómica comparativa. Los hechos demostraron que mis preocupaciones estaban equivocadas y que su elección fue buena: ¡pronto se abrió paso al éxito! Rápidamente publicó una serie de artículos sobre el destino de los genes duplicados y produjo una serie de algoritmos para predecir las covariaciones moleculares y para detectar restricciones selectivas a lo largo de las ramas de árboles filogenéticos. El cielo era su único límite y estaba dispuesto a llegar rápido. Antes de cumplir los dos años como postdoc, fue seleccionado para un puesto de profesor titular en la Universidad Nacional de Irlanda en Maynooth, donde creó su propio grupo de Genómica Evolutiva y Bioinformática. Ganó el Premio de Investigador Joven del Presidente de Irlanda en 2004, con un presupuesto sustancial que sirvió para agrandar el laboratorio y para contratar a un grupo de brillantes estudiantes y postdocs. Poco después, trasladó su grupo al Instituto Smurfit de Genética en el Trinity College de Dublín, consolidando su grupo y después de un tiempo convirtiéndose en fellow de Trinity, un honor especial otorgado por sus colegas en reconocimiento a su excelencia académica.

Una combinación de motivos personales y familiares -sin mencionar que el nublado y frío Dublín no podían competir con los brillantes cielos azules de la cálida Valencia- lo animaron a presentarse para un puesto de científico titular del CSIC en Biología de Sistemas Moleculares para el Instituto de Biología Molecular y Celular de Plantas (IBMCP), el lugar donde he estado trabajando desde 2002. ¡No puedo describir lo encantado que estuve de escuchar su decisión! Un gran día. Obviamente, consiguió la plaza y se unió a IBMCP un año después. Desde entonces, disfruté de tenerlo en el piso de abajo como colega y amigo. Volvimos a las largas discusiones científicas, diseñando experimentos de evolución con bacterias y levaduras, discutiendo la mejor manera de analizar datos, colaborando en algunos proyectos, viajando juntos a conferencias (¡qué bueno era el marisco en Roscoff y los picantísimos huevos divorciados para desayunar en Santa Bárbara!), y pensando en grande para crear el nuevo Instituto de Biología Integrativa y de Sistemas (I2SysBio), una aventura conjunta entre el CSIC y la Universidad de Valencia... Todos los días a las 11:00, hacíamos un alto para tomar café con un grupo de colegas (los "sunormales" cafeteros) con quienes arreglábamos todos los problemas del sistema científico en España, la enseñanza, la política, la educación de los niños, los coches nuevos, las casas nuevas... la vida misma. Mario era un tipo tan agradable y amable, genuinamente interesado en la ciencia, que rápidamente estableció una serie de colaboraciones con diferentes grupos en IBMCP.

Durante su tiempo en Valencia, también conservó su puesto en el Trinity College de Dublín. Para otra persona esto podría haber sido imposible, pero Mario siguió enseñando allí evolución molecular a estudiantes muy agradecidos, y también dirigió un laboratorio de investigación productivo financiado con fondos competitivos. El día de su funeral, las banderas de la universidad ondearon a media asta en Dublín.

Nunca he conocido a nadie que fuera tan optimista y positivo como Mario. Incluso durante los momentos más difíciles durante su enfermedad, nunca se dio por vencido. Cada vez que lo visitamos en el hospital, él estaba sentado allí trabajando con su portátil. Pensando en proyectos futuros y en hacer planes para trasladar su laboratorio al I2SysBio al otro lado de la ciudad, escribiendo artículos y proyectos... Como supimos después, incluso en su última tarde, estuvo subiendo evaluaciones de proyectos en la página de la ANEP.

Como me dijo varias veces durante esos días malos, estaba lleno de energía y entusiasmo por un futuro con las cosas más importantes de su vida: Christina, Noa y Lucía.

Gracias Mario. Has sido un ejemplo para todos. Te echamos de menos, amigo.